Los divertículos son pequeñas protrusiones o “bolsitas” que se forman en la pared interna del intestino, en el colon, especialmente en el segmento sigmoideo, aparecen debido a la presión ejercida por heces más compactas, que empujan la mucosa hacia zonas de menor resistencia dentro de las capas submucosa, muscular y serosa.
Aunque son más frecuentes en el colon, los divertículos pueden desarrollarse en otras áreas del tubo digestivo. Algunos ejemplos son:
Divertículo de Zenker, ubicado en la parte superior del esófago.
Divertículos duodenales, cercanos a la papila de Vater.
Divertículo de Meckel, situado en la parte final del intestino delgado, comúnmente identificado en niños.
En el colon, los divertículos que recuerdan a los orificios de un queso gruyer por su variabilidad en tamaño y profundidad suelen aparecer a partir de la mediana edad. Su formación se relaciona con factores como el aumento de la presión intraluminal, cambios estructurales en la pared intestinal, hábitos de vida y condiciones como el estreñimiento.
Generalmente, estos divertículos no producen síntomas y se detectan de manera incidental durante una colonoscopia u otras pruebas de imagen realizadas por motivos diagnósticos o terapéuticos. En la mayoría de los casos se trata de pseudodivertículos, ya que comprometen solo la capa más superficial del intestino. Por ello, muchas personas con diverticulosis nunca presentan complicaciones.
La clave está en reconocer cuándo uno de estos divertículos se inflama, convirtiéndose en diverticulitis, una condición que sí puede generar síntomas y requerir atención médica.