Los síntomas de un ataque al corazón en mujeres suelen manifestarse de forma menos evidente que los observados en hombres. Mientras en ellos es más común el dolor torácico opresivo irradiado al brazo izquierdo, en ellas se presentan otras señales de alerta, como dolor o malestar en la espalda, el cuello o la mandíbula, entre otros.
Esa es una de las razones por las que la detección temprana de los síntomas de un ataque al corazón en las mujeres es fundamental y en ella juega un papel clave la enfermera o enfermero de triaje, que es la clasificación de los pacientes en función de la emergencia, en los servicios de urgencias de los hospitales.
Identificar una isquemia, una arritmia o una insuficiencia cardiaca a partir de síntomas atípicos exige criterio, herramientas y entrenamiento. En cuestión de minutos se decide la realización de un electrocardiograma, la monitorización y la prioridad asistencial, y esa rapidez cambia el pronóstico”.
Los sistemas actuales pueden subestimar la prioridad de pacientes con síntomas atípicos, especialmente mujeres y personas mayores de 65 años y que se ha evidenciado que estos colectivos tienen más probabilidades de que se demore el diagnóstico de un infarto grave.
En concreto, ellas suelen acudir más tarde a urgencias y presentan síntomas menos conocidos de estas patologías, como fatiga, náuseas, mareo, falta de aire, sudor frío o dolor en espalda, cuello o mandíbula.
Esta combinación de factores hace que reciban con menor frecuencia el tratamiento inmediato que restablece el flujo sanguíneo al corazón, aumentando así el riesgo de complicaciones.
Si esos síntomas no se consideran desde el triaje como potencialmente cardiovasculares, aparecen retrasos evitables.
Algunos ataques cardíacos comienzan con síntomas sutiles o intermitentes antes de agravarse:
Ante cualquiera de estos síntomas, incluso si desaparecen al cabo de unos minutos, es fundamental llamar o acudir de inmediato a los servicios de emergencia.